Una serie de cajas de remedios de diversos tamaños y colores, extendidas desde su interior, son las contenedoras de numerosas ilustraciones hechas a mano alzada que representan entidades monstruosas y criaturas alegóricas que simulan vomitar, devorarse, engullirse, bailar o simplemente estar, cómo alusión a un estado físico de pánico, molestia y calamidad. Se re-contextualiza el “mal agüero” y la superstición, con citas al bestiario medieval y la recopilación de narraciones mágicas, tan espantosas como necesarias para la identidad colectiva.
Con el proyecto Laboratorio se pervierte el significado de objeto cotidiano al poblarlo de criaturas irreales y al fabular no tan sólo con cada especie inventada, sino con la totalidad de la superficie cúbica conformada por los cartones.



























































